Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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OPINIONES

¿VOCES INVISIBLES O INVISIBILIZADAS?

Fecha de publicación: 18 marzo, 2009

Columna de Opinión, escrita por la investigadora Alejandra Privado, del Área de Estudios sobre Campesinado de AVANCSO, fue el editorial del noticiero Maya K’at del día martes 17 de marzo del 2009. www.fger.org

¿Voces invisibles o invisibilizadas?

María Alejandra Privado
Área de Estudios sobre Campesinado

La música es una manifestación artística que acompaña cotidianamente nuestras vidas. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en el fino entretejido social que la compone. La música cristaliza en cada una de sus notas la realidad social en la que es creada, comunicándonos a cada compás las modas, los mensajes hegemónicos, los prejuicios, las contradicciones, pero también las resistencias y luchas del medio social en el que nace. El arte –la música en este caso– ha contado por siglos la historia de los que han sido obligados a callar por la ‘historia oficial’, ha evidenciado la existencia de otras miradas de la realidad, es el agua de la vida cotidiana que se abre paso haciendo pequeños surcos, humedeciendo, mojando, liberando, fluyendo.

En este contexto, Joaquín Orellana es uno de aquellos espíritus cuyo camino ha sido dibujado por el arte. Músico de profesión y tara, como él mismo lo afirma, hábil conjugador de letras y sonidos, malabarista de sentidos y realidades. Pretende hacer visibles por medio del ‘hecho estético’, las voces de aquéllos que en la cotidianeidad gritan librando luchas por sobrevivir y vivir. Pero no solamente las de quienes aún pueden gritar y no son escuchados, sino también las que se perdieron bajo el terror y la injusticia. Su creación musical incluye la construcción de ‘útiles sonoros’, bellos y desconcertantes a la vez, los cuales es imposible ver sin sentir una curiosidad infantil por tocarlos y encontrar en ellos sonidos inimaginados de frío, de melancolía o de juguetonas gotas de agua, son instrumentos musicales nacidos de la necesidad de plasmar y recrear el ‘paisaje sonoro’ guatemalteco.

Algunos de los útiles sonoros creados por Joaquín Orellana como la Imbaluna, la Sonarimba, la Itero-imba entre otros, se derivan de la marimba, no únicamente por la riqueza sonora que sus moléculas sonoras brindan, sino por un amor a la marimba de Guatemala que la descubre no sólo como el sonido de los almuerzos de domingo o el baile inspirador con unos ojos oscuros; un amor nacido de su descubrimiento como la cristalización de dolores y conciencias. Como el vehículo por el que exigen y consiguen salir a luz los quejidos y resistencias de pueblos completos que arrastran consigo miedos y luchas. La historia aquí, toma la forma de teclas de madera, secuestra el sonido y afirma veladamente, escabulléndose de la represión, pintando paisajes, vulnerando los capullos de dolor y esperanza escondidos en alguna parte. Orellana plantea: “¿Podría amársela también, como a un réquiem eterno que brotara de su cuerpo?, ¿réquiem desbrozante de conciencias encalladas en los arrecifes del miedo, réquiem pasándose a la incitación: escondida arenga de murmullos, o remanente de ayes pétreos al trasluz de comprimidos gritos de guarimbas y danzones…? Tal vez, respuesta de guerreros baqueteando, martillando la madera tendida, conformando – ¿por qué no? el son alzado, que para ahuyentar al chacal genocida entonaría lúgubre ceremonia de madera asediando, erradicando la peste del vampiro…. “

La música de Orellana penetra incisivamente en la conciencia por medio del despertar de la sensibilidad, de la certeza corpórea de una verdad que por dolorosa muchas veces incomoda y que llama a contemplar al arte de otra manera, a pensarlo, a vivirlo.

Es así como muchas de sus obras: Imposible a la X (1980), En los Cerros de Ilom (1992), Sacratávica (1998), La Tumba del Gran Lengua (2001), entre otras, hablan de la circunstancia social guatemalteca, plasmando en notas musicales y texturas sonoras el dolor del genocidio, la angustia de la tortura, el sarcasmo ante estructuras religiosas contradictorias y castrantes, o la fatiga del caminar hacia un horizonte cada vez más lejano en el que están cifrados sueños y esperanzas que se esfuman en la bruma de un desierto cruel. Para Orellana, si su música tiene un contenido ideológico es por razones de inherencia, es imposible –o debiera decir mejor indeseable− no dejarse afectar por el otro, por la realidad a la que nos enfrentamos diariamente, perder la capacidad de indignarnos ante la muerte, el dolor, el miedo o la sumisión.

Es además necesario, que nos hagamos conscientes de las luchas y resistencias que día a día rompen con los moldes, que silenciosamente huyen de los roles y caminos socialmente aceptados para construir nuevas historias, con la certeza de que el pasado pudo haber sido diferente, y que el futuro puede ser construido distinto también, que el camino no está hecho, y que tenemos el compromiso de transformarlo. Y que el silencio, tal como lo plantea la filósofa María Zambrano, sólo debe ser posible (…) cuando todo quedó dicho, ya apurada la vida como una sola frase redonda de sentido (…) pues hay el silencio de la razón cumplida que va a integrarse con todas las razones a ensanchar el curso de la armonía. Y hay silencio disonante que deja en el aire la palabra entrecortada, la razón convertida en grito, el silencio que despoja al condenado del esqueleto de su verdad.

Guatemala, 17 de marzo del 2009.

Última modificación: 18 de marzo de 2009 a las 03:03
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