Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Perspectivas sobre jóvenes y juventud en Guatemala

Columna de Opinión elaborada por Leslie Lemus, investigadora del Área de Estudios Sociourbanos de AVANCSO. Fue el Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER el 18 de febrero del 2014.

Hoy día nos parece muy común y natural hablar de juventud como una etapa de la vida por la que todos hemos de transitar o como un grupo de población específico y diferenciado del conjunto de la sociedad por razones de edad. Sin embargo, todas las ideas, nociones y representaciones que tenemos acerca de ella son construidas socialmente y no siempre han incluido a todos los sectores. Por ejemplo, en el siglo XIX en pleno auge del modelo agroexportador, una persona de entre 13 y 17 años de edad, urbana y ladina, de estrato medio o alto –casi siempre varón– que asistía a la escuela era considerado “joven” mientras alguien de esa misma edad pero de origen indígena y dedicado al corte de café en las fincas de la bocacosta era considerado simplemente un “brazo” como medida de su fuerza productiva.

Ser joven es una experiencia históricamente situada y hay que reconocer que la condición juvenil se ha ido ampliando al ritmo de las transformaciones y requerimientos de la producción y el consumo capitalista en términos de los sectores incluidos en esta así como los rangos etarios considerados. El hecho de encontrar en la actualidad personas que son identificadas como jóvenes en los más diversos y desiguales espacios sociales es en sí mismo una novedad.

En las últimas dos décadas hemos asistido a una explosión de los discursos sobre juventud en Guatemala y el mundo, con frecuencia relacionados con preocupaciones políticas, económicas y sociales. En la actualidad, lo juvenil se ha vuelto omnipresente. Aparece como adjetivo de sustantivos o adverbio de acciones situadas en ámbitos muy diferentes: participación juvenil, culturas juveniles, violencia juvenil, identidades juveniles, empleo juvenil, entre otros. También asoma como complemento de ideas o instituciones que intentan renovarse simbólicamente, así palabras como liturgia, filosofía, política, democracia, entre otras se acompañan del término “juventud”.

Este despliegue discursivo ha establecido un cierto marco de comprensión que entiende a las personas jóvenes como seres incompletos y carentes. Por un lado, se les atribuye una vulnerabilidad y propensión a influencias y cambios que les haría inestables y poco confiables. Por el otro lado, se les considera como entes en potencia que portan energía, creatividad, curiosidad y flexibilidad. Ambas caras o extremos de este razonamiento sirven de base para justificar muchas de las intervenciones que se les dirigen en campos tan diversos como la participación ciudadana, la prevención de violencia, la educación formal y no formal, en lo relativo al control de su sexualidad, en la promoción de la lúdica, el arte y el deporte como asunto exclusivamente juvenil, e incluso en el tipo de empleo o actividades productivas que se consideran apropiadas. Cual si fueran contenedores vacíos qué llenar, se les considera seres moldeables en tanto que sus experiencias y saberes son negados.

Sea como amenaza constante o como potencialidad, la acción y el pensamiento de las personas jóvenes acaban por localizarse siempre en el futuro, se les exige transformar o mejorar el estado de las cosas pero irónicamente son otros los que hablan y deciden por ellos y ellas, su voz sigue estando ausente. En este sentido, es importante cuestionarnos acerca de lo que significa la experiencia de ser joven en la Guatemala de hoy así como el lugar y los roles de las personas jóvenes desde nuestras familias, comunidades y hasta el Estado.

Es tiempo de reflexionar en otras claves. Es tiempo de construir un diálogo intergeneracional genuino en el que las personas jóvenes sean reconocidas en su plena condición de sujetos de derechos y como seres con voz propia. Por ahora es tiempo de abrir el debate. Estas y otras discusiones son recuperadas en el libro “Jóvenes en Guatemala. Imágenes, discursos y contextos” publicado en diciembre de 2013 por la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala (AVANCSO) y el Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad Rafael Landívar (IEH/URL).

Última modificación: 21 de febrero de 2014 a las 15:06
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