Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Columna de Opinion

Paz en la “patria del criollo”: impunidad y terror recurrente ¿Cuál es el sentido de la paz para los dueños de la finca guatemalteca?

Fecha de publicación: 30 abril, 2013

La opinion fue escrita por Marcelo Coj del Area de Estudios sobre Campesinado de AVANCSO. La opinion fue editorial del Noticiero Maya Kat de la Federacion Guatemalteca de Educacion Radiofonica FGER, el 30 de abril del 2013

Es harto conocido que Guatemala es uno de los países más injustos y desiguales del mundo. Se vea por donde se vea. Ya sea en la extrema concentración de la tierra y de los ingresos por parte de la oligarquía y el capital transnacional, o bien en la exclusión a la salud, nutrición, vivienda y educación que sufre la gran mayoría de la población, sobre todo la de ascendencia maya, garífuna y xinka. Por ello no resulta extraño que Guatemala tenga los peores indicadores de bienestar −la desnutrición crónica es uno de ellos− de Latinoamérica. Es más, si se tomara al pueblo Maya como un país aparte, tales indicadores rivalizarían con los de países como Afganistán -que está en guerra continua desde hace más de 30 años.

Las condiciones de opresión y marginación son el caldo de cultivo perfecto para una conflictividad e ingobernabilidad perennes, pues el pisoteo continuo a la dignidad humana tiene como correlato natural la resistencia y lucha por parte de la ciudadanía subordinada. Nadie en su sano juicio aceptaría sumisamente una situación de despojo e injusticia permanente. En ese sentido, para Guatemala aplica la metáfora de un volcán activo, con el riesgo siempre presente de estallar.

Estas circunstancias representan grandes peligros para la sostenibilidad del sistema de dominación. A la cabeza de este sistema, que es la oligarquía, no parece preocuparle esta situación. A sus ojos, no hay ninguna necesidad de solidaridad, mucho menos de una búsqueda de armonía y equilibrio con el resto de la sociedad. Su visión es la de una Guatemala dividida en señores y siervos, basada en un racismo estructural extremo, donde el otro –en este caso la gente maya− es reducido a sub-humano, cuando no a un mero apero de trabajo.

Entonces, ¿cuál ha sido la respuesta del poder, o sea de los dueños de la finca y sus capataces, ante esta situación peligrosa? Pues la represión a secas. De esa cuenta, el terror siempre aparece como una práctica “natural” contra toda persona o colectivo que sea percibida como una amenaza para los fundamentos del sistema. La mejor prueba de ello se tiene en la campaña genocida de los años ‘80, donde para prevenir una insurrección maya generalizada –eso según sus ojos− se recurrió a masacrar gente inocente –con los extremos de niños, niñas, mujeres, ancianas y ancianos− y exterminar comunidades enteras –literalmente pues se arrasó con tierras de cultivo y viviendas, así como se envenenaron fuentes de agua− con el objeto de liquidar a parte de la población y disciplinar al resto. Es decir, para hacer que los sobrevivientes aceptaran su condición “normal” de sumisión. De hecho, en una entrevista de 1991 el ex Ministro de la Defensa de Vinicio Cerezo, Héctor Gramajo, indicó que en 1982 “Instituimos asuntos civiles el cual provee el desarrollo para 70 por ciento de la población, mientras matamos al 30 por ciento. Antes la estrategia era matar al 100 por ciento”1 Mientras tanto en un país como Costa Rica, enfrentado a similar contexto –una época de recesión y demandas populares−, el gobierno hacía un elevado gasto social en educación, salud, vivienda, trabajo y seguridad social con tal de responder a las necesidades ciudadanas, ello a pesar de los graves riesgos macroeconómicos que dichas medidas implicaron.

La historia ha mostrado claramente que toda reivindicación ha sido vista por el poder como subversión, aún cuando esta sea moderada y de corte reformista. Si esto no fuera cierto jamás se hubiera asesinado, mucho menos en la forma en la cual se hizo, a profesionales de la talla de Fuentes Mohr y Colom Argueta que buscaban la democratización del país y el respeto de los gobernantes hacia los derechos humanos. En la actualidad, esto mismo se plasma en las amenazas y diatribas contra la Fiscal Paz y Paz, así como demás luchadores por los derechos humanos.

Por su parte, el compañero inseparable del terror es la impunidad. Pues toda esta represión no pudiera ocurrir sin un sistema de (in)justicia que lo permitiese, o mejor dicho que lo alentase: exculpando a los autores intelectuales y materiales de crímenes deleznables y haciéndose de la vista gorda ante los atropellos ocurridos contra mucha gente inocente. No es casualidad entonces que nuestro sistema de justicia sea tan débil y susceptible a la compra de voluntades.

Nuestro momento histórico no es una excepción a la historia de terror e impunidad, vemos como el foco de la represión se concentra en los líderes y las lideresas comunitarios que defienden sus territorios ante la amenaza que representan para la vida los grandes proyectos extractivos (minería, monocultivos e hidroeléctricas). Del mismo modo, se ha atacado a sindicalistas, periodistas y organizaciones sociales que denuncian y se oponen ante los abusos de los sectores conservadores.

Asimismo, la “seguridad” se está militarizando, con un Ejército que se está expandiendo tanto en número de efectivos como en las funciones que realiza (inteligencia, operaciones psicológicas, combate del contrabando y logística militar, entre otros), así como una policía que progresivamente está siendo supeditada al mando militar del ministro de Gobernación y compañía 2.

En suma, una nueva era de terror se está consumando. Por eso, y contra las voces ingenuas, no podemos decir que el terror desapareció sino que sigue estando ahí, pues la lógica de la paz en la finca es una donde los sectores subordinados deben agachar la cabeza y aceptar la sumisión y opresión. No aceptar esta situación es motivo para ser acusados de ser malos guatemaltecos, cuando menos, y cuando más de ser delincuentes y terroristas. Subversivos en toda regla.

Guatemala, 30 de abril del 2013.

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1. Fuente: Marc Drouin (2011) “Acabar hasta con la semilla” F&G editores, Guatemala ciudad citando a J. Schirmer “The Guatemalan Military Project: An interview with Gen. Héctor Gramajo”, Harvard International Review 13, no 3 (primavera de 1991), 11
2. Cita libre de la columna de Francisca Gómez Grijalva de Prensa Libre http://www.prensalibre.com/opinion/Peligroso-retroceso_0_902909732.html).

Última modificación: 30 de abril de 2013 a las 06:04
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