Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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No festejamos el 8 de marzo: Las mujeres hacemos huelga, nos organizamos y nos encontramos entre nosotras

Columna de Opinión escrita por Ana López Molina, investigadora asociada. La Columna fue el Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER el 14 de marzo del 2017.

En todo el planeta hay muertes de mujeres que lamentar, a manos de los empleadores, del Estado, de la policía, del Ejército, de las mineras, de los esposos y compañeros. Desde las reivindicaciones de las socialistas, pasando por las exigencias de mejores condiciones laborales de las estadounidenses quemadas vivas en una fábrica textil, llegando a las demandas de respeto por la vida y el territorio de las mujeres desde la India hasta América Latina, las recordamos y exigimos: ¡Ni una menos! Porque la muerte violenta no se festeja, se llora, y se sufre en un duelo que nunca termina. Por eso no festejamos el 8 de marzo. Conmemoramos. Gritamos, exigimos, demandamos, denunciamos, pero no festejamos.

Este 2017 la conmemoración del Día Internacional de la Mujer tomó la forma de una huelga de mujeres. La consigna, nacida en Argentina, era parar las labores, ya fueran las de la casa o las del trabajo remunerado, por al menos una hora, para hacer notar lo importante y determinante que es el trabajo femenino en todos los espacios privados y públicos. En Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú, El Salvador, Paraguay, Uruguay, República Checa, Inglaterra, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Polonia, Escocia, Suecia, España, Turquía, Japón, Rusia, Estados Unidos, Sudán del Sur y otros más de 20 países alrededor del mundo, las mujeres y varios hombres marcharon bajo demandas similares. Sin importar si es Asia, África, América o Europa, las demandas de las mujeres son las mismas: trabajo con salario justo, maternidad voluntaria y planificada, equidad dentro del hogar, educación, salud, vivienda digna, respeto al cuerpo, voz y voto dentro de las comunidades y que los hombres se transformen en verdaderos compañeros en esta lucha. No fue una fiesta, fue un paro.

Este año se recordó a quienes han luchado en defensa del territorio y han sido asesinadas por ello en América Latina: Bety Cariño en México (2010), Berta Cáceres en Honduras (2016), Laura Leonor Vásquez Pineda en Guatemala (2017). También se marchó por quienes fueron víctimas de femicidio. En nuestro país, alrededor de 20 mujeres al mes mueren de forma violenta por el hecho de ser mujeres (2015). En Honduras, una cada 16 horas. En Argentina, una cada 30 horas. Y en Brasil, 15 mueren al día por esta razón.

Las imágenes de las marchas demuestran que fueron multitudinarias. Las mujeres portaron banderas, carteles, escribieron sobre sus cuerpos y sobre las paredes. En nuestro país se utilizaron símbolos como las velas, las flores y el color violeta.

Esa misma mañana, se supo de la trágica muerte de adolescentes a causa del incendio en el Hogar Virgen de la Asunción, que ya suma más de 40 víctimas mortales. Estas jóvenes habían denunciado violaciones y trata dentro de ese hogar que se supone era “seguro” y que está a cargo de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia. Por ellas, las actividades de las mujeres, el repudio social y las protestas se han extendido más allá del miércoles, pero siempre bajo las mismas consignas.

El 8 de marzo no es una fecha para felicitar a las mujeres, para ofrecer promociones y descuentos, y mucho menos, regalar flores y tarjetas que reproducen estereotipos sobre las mujeres como lindas, madres, tiernas y sensibles. Es un día para reflexionar seriamente sobre discursos como el que hizo Jimmy Morales sobre su esposa, alabándola por ser tan calladita. Es un día en el que ese silencio se termina.

Guatemala, 14 de marzo del 2017.

Última modificación: 15 de marzo de 2017 a las 14:11
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