Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Multitud, racismo y multiculturalismo

Columna de Opinión escrita por Marco Chivalán – Carrillo, del Área de Estudios sobre Imaginarios Sociales de AVANCSO. La columna fue el Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER el 9 de junio del 2015

En Guatemala se está viviendo un momento crítico debido a la crisis política por la que estamos atravesando. Desde este aquí y ahora, estamos vivenciado la emergencia de un movimiento social citadino –sustentado también por movimientos sociales históricos, indígenas, campesinos, de mujeres–, cuyas manifestaciones y expresiones diversas de los últimos sábados ha devenido en acciones como la celebración de asambleas para generar propuestas de transformación en términos políticos, económicos, sociales y culturales. Las demandas y las críticas se han expandido en la articulación de diversas luchas y múltiples demandas desde un movimiento social que puede denominarse multitud, al decir de Paolo Virno.

Virno, al parafrasear a Baruch Spinoza afirma que “el concepto de multitud indica una pluralidad que persiste como tal en la escena pública, en la acción colectiva, en lo que respecta a los quehaceres comunes –comunitarios–, sin converger en un Uno, sin evaporarse en un movimiento centrípeto. Multitud es la forma de existencia social y política de los muchos en cuanto muchos: forma permanente, no episódica ni intersticial”. En nuestro contexto, me parece que en lo referente a la atención que la multitud coloca sobre los asuntos comunes, es posible visualizar cómo nuestra mirada se centra también en la persistencia del racismo.

Se puede decir que el debate sobre el racismo ha calado entre los muchos. Consignas como “hartos de racismo”, “basta de racismo” o aquellas que señalan al gobierno y al Estado como racista, patriarcal y colonial –frases nada novedosas pero manifiestas– me parecen significativas. Lo digo, porque estas nos permiten avecinarnos y detectar fácilmente las pesadamente abigarradas historias de la producción de la supremacía blanca y masculina sobre los otros –que son otros para ese ojo que ve sin ser visto– indígenas, pobres, mujeres y “entidades” no humanas (tierra y territorios). Es así que la crítica a la primacía patriarcal, racista, colonial y capitalista, cuyo mecanismo es el de la acumulación por variadas desposesiones, nos muestra cómo produce, no de modo total, las relaciones sociales que habitamos.

Aplaudo esta atención que se coloca en el racismo como uno de los asuntos comunes porque considero que oxida la potente ideología y moral del multiculturalismo, mismo que sigue permeando los puntos de vista que lo tratan y que aloja la obsesión por clasificar y clasificarse en categorías cerradas. En este sentido, es crucial intensificar el debate sobre el racismo como sistema mundo de herencia colonial. Este camino es contrario a clausurar el problema del racismo al ámbito represor que ha emergido de las políticas del reconocimiento, las cuales sedimentan esencias y culminan en correcciones políticas, ortopedias lingüísticas y eufemismos ostentosos. No podemos negar la producción socio histórica y colonial del binarismo –indio/ladino–; sin embargo, esta negación no implica habitar tal binarismo necesariamente. De hecho, al sondear su construcción socio histórica permite excederlo, agujerearlo, abandonarlo…

Por otro lado, en tanto que la multitud es la forma de la existencia social y política de los muchos, conlleva un carácter constructivo en la producción del sujeto y del afecto, el cual los trabaja para irrumpir lo sedimentado, lo fijo y lo “natural” en ellos. Nos vemos enredados entonces en un proceso de transformación permanente del afecto, que a su vez implica distanciarse de una subjetividad dominante, incluyendo lo normalizado del afecto. En este espacio de transformación, se ponen en escena diversos mecanismos de interrupción de “lo que hay” para dar paso a modos de relacionalidad amorfos, fluidos y co-constitutivos.

Pienso que el multiculturalismo es uno de los mecanismos que nos normalizan y nos cruzan para abordar el racismo en la Guatemala actual. Además, es de los mecanismos que cimenta identidades fijas y/o diferencias esenciales al ámbito del folclorismo, del turismo y del reconocimiento. Por consiguiente, considero que esta crisis puede ser también el aquí y el ahora de cómo terminamos de escribir la historia de la muerte del multiculturalismo.

Guatemala, 9 de junio del 2015.

Última modificación: 9 de junio de 2015 a las 20:08
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