Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Momentos de Crisis: Necesidad de cambio y revolución

Columna de Opinión escrita por Miguel López del Área de Estudios sobre Campesinado de AVANCSO. La columna fue el Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER el 23 de junio del 2015

Estamos atravesando por días de crisis. La corrupción ha contaminado hasta las últimas fibras de los organismos ejecutivo, legislativo y judicial. Los hospitales, centros y puestos de salud están continuamente desabastecidos. El envenenamiento del río La Pasión en Petén, con un insecticida prohibido en otros países, afectó a por lo menos 23 especies de peces, algunas de ellas en peligro de extinción, y a 16 comunidades de la región en las que habitan unas 6,000 familias que se alimentan y trabajan directamente del río.

En un contexto de campaña electoral y cercanía de elecciones generales, los escándalos de corrupción han hecho despertar a la ciudadanía frente a un sistema político que en su estado actual sólo puede generar más de lo mismo: políticos corruptos que sólo buscan un rápido enriquecimiento y partidos que en vez de ser espacios de formación y participación ciudadana, se han convertido en fachada de cuevas gansteriles en las que se transan los puestos de elección al mejor postor. Es por eso que la vigorosa proliferación de protestas y de propuestas de cambio a varias leyes del país para enderezar el curso del Estado plantean que “Primero las reformas, después las elecciones”. Haciendo pensar en la posibilidad de ver la actual crisis como el momento de rompimiento del viejo orden y la posibilidad del surgimiento de uno nuevo, como un momento propicio para el cambio.

La otra crisis, la ambiental, que ahora se muestra crudamente en el país con la contaminación del río La Pasión en Petén, no es sólo regional o nacional, sino mundial. Y su desenvolvimiento actual no parece encauzarse claramente a una solución, porque sus raíces se encuentran en el seno mismo del funcionamiento del sistema económico dominante: el capitalismo. Sistema que piensa en que el producir y consumir a mayor escala genera progreso y desarrollo.

Para elevar la producción y la productividad, los capitales compiten entre sí y consumen cada vez más los recursos del planeta. Pero una mayor producción requiere de “sociedades de consumo” que despilfarran cada vez más, por lo que la producción de desechos y la contaminación están afectando seriamente al medio ambiente. La búsqueda constante de más y nuevas materias primas para elevar la producción depredan bosques, suelos, ríos, lagos y océanos. La situación actual es tal que el científico de la NASA (agencia espacial estadounidense) Dennis Bushnell ha dicho que “todo el ecosistema está fallando”, señalando que de continuar el crecimiento económico actual de los países asiáticos, que sigue el modelo consumista los países europeos y de América del Norte, necesitarán tres planetas más para mantener viva a la humanidad.

La crisis ambiental compromete seriamente el futuro de la humanidad. Pero en este caso no existe un despertar de la ciudadanía mundial que exija cambios al modelo de producción y de consumo o, mejor aún, que esté dispuesta a someterse a esos cambios. Organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales mundiales levantan voces de alerta, así como en el país lo hacen comunidades, organizaciones indígenas y campesinas y ambientalistas, pero sus voces parecen apagarse frente a la fuerza de los medios de comunicación que favorecen la divulgación de la versión de gobiernos y empresas transnacionales que niegan de manera cínica la gravedad del problema y, en algunos casos, hasta su existencia.

En este punto resulta importante el aparecimiento de la encíclica “Laudato si” (Alabado seas), presentada al mundo por el Papa Francisco, que subraya la magnitud del problema ambiental de la degradación del planeta señalando que “La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”. Desenmascara al “capitalismo salvaje” como responsable de esa contaminación y a “la política y a las empresas por no estar a la altura de los desafíos mundiales” por haber hecho un “uso irresponsable de los bienes que Dios ha puesto” en la Tierra. Y que marca el camino correcto para evitar la debacle de nuestra civilización, con un desafío mayúsculo: “La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilo de vida, de producción y de consumo”.

Se requiere con urgencia de una “valiente revolución cultural”.

Guatemala, 23 de junio del 2015.

Última modificación: 2 de julio de 2015 a las 13:15
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