Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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La vida humana como más que un dato económico

Columna de Opinión escrita por Fernando Jeréz del Área de Estudios sobre Imaginarios Sociales de AVANCSO. La columna fue editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER el 5 de agosto del 2014

Muchos en Guatemala, y el resto del mundo, se dejan seducir por los discursos ideológicos de los líderes políticos y de las élites económicas sobre la incuestionable necesidad de integrarnos al mundo globalizado y modernizarnos. En términos concretos, lo que eso significa es que necesitamos privatizar lo público para que los que “saben” de productividad mejoren las condiciones de vida de los pobres guatemaltecos. Pero, ¿qué quiere decir eso?, ¿será tan fácil la solución?, ¿qué implica en términos concretos? Pues implica, entre otras cosas, que el interés económico del capital privado se instituya como el criterio último para orientar la administración y que el gobierno gravite en torno a la acumulación de capital, poniendo los negocios de los empresarios como una prioridad por sobre otras cosas.

A ese proyecto político-ideológico y económico le he llamado “nación empresarial”. Como todo proyecto de nación, ideológicamente se busca generar la ilusión de que los intereses particulares constituyen un beneficio popular. Muchos muerden el anzuelo y piensan que el modelo de rebalse (ese modelo de desarrollo que consiste en la idea de que al generar las condiciones para la acumulación de los grandes capitales, eventualmente rebalsaran y salpicaran de beneficios a todos) es efectivamente la vía para la salvación nacional. De esa cuenta, miles de guatemaltecos defienden, por mencionar un ejemplo, a capa y espada la idea de que la propiedad privada es un principio intocable, aun cuando no son propietarios de nada. Lo que me parece más perverso de ese modelo, es el sentido que se genera cuando vemos todo lo que nos rodea con los lentes del dinero. ¿Qué sucede? Pues sucede que enajenamos y fetichizamos todo lo que compone el mundo; la naturaleza, la vida, personas y todo lo que nos rodea dejan de ser considerados como un bien en sí mismos y su valor se deriva en función de su utilidad económica. Eso es lo perverso de la lógica del imaginario de la nación empresarial.

Les invito a poner atención a los discursos de los funcionarios públicos sobre, por ejemplo, el tema de la desnutrición crónica infantil. Esa es una situación que representa una crisis humanitaria de proporciones titánicas se le vea por donde se le vea. Sin embargo, en la perspectiva de gobierno, la preocupación es económica. Lo que les preocupa es que la desnutrición implica una merma en las capacidades productivas de la población. Es decir, no es el hecho de que hayan seres humanos muriendo de hambre y sufriendo lo que motiva la intervención pública. Al contrario, la preocupación es que la desnutrición crónica compromete de manera significativa la productividad. Ahora bien, a cuenta de qué se nos impone el criterio económico y devenir productivo como una suerte de destino manifiesto el que todos tenemos, por la fuerza, que acoplarnos. Pero, ¿acaso toda nuestra existencia se reduce a eso, a ser un engranaje más dentro de una máquina productiva? Esa lógica niega rotundamente que cada cosa que existe en el mundo tiene un valor intrínseco simplemente por el hecho de ser y existir. Como puede apreciarse, por mucho que en el discurso quiera hacerse creer que la nación empresarial es representativa de los intereses de una población sistemáticamente empobrecida, la verdad dista de eso.

Considero que, como sociedad, deberíamos replantearnos nuestras prioridades, ópticas y racionalidades. La vida humana, su vida, la de sus hijos, mi vida, valen más que lo que puedan llegar a producirle a sus futuros o actuales jefes. Al contrario, constituimos valores y fines en nosotros mismos y en la medida que aceptemos como válida esa lógica, nos volvemos cómplices de un sistema cuya estabilidad se basa en la negación de nuestro valor humano. Pienso que deberíamos rebelarnos ante esa óptica instrumentalista, enajenadora y utilitarista que ve en la vida de los seres humanos y en la naturaleza únicamente posibilidades de enriquecimiento. Creo que la misma Constitución Política de la República da pistas sobre por dónde podríamos empezar a repensar la nación en sus dos primeros artículos. En ellos se puede leer que el Estado de Guatemala se organiza para defender y garantizar la vida y dignidad de los guatemaltecos y para la realización del bien común. Definitivamente, si hablamos en términos de población, para los guatemaltecos es más importante tener acceso a tierra, medios para asegurar la alimentación, una vivienda digna, salud, etc. Claro, no se trata de que el Estado tenga que darnos todo a todos. Se trata de visualizar que actualmente la prioridades que se derivan de la mirada economicista no representa ni satisfacen las necesidades de una sociedad sumergida en una crisis, no económica, sino humanitaria. Necesitamos reconquistar el terreno de lo público y ponerlo al servicio de la gente y no de los intereses económicos.

Guatemala, 5 de agosto del 2014.

Última modificación: 8 de agosto de 2014 a las 19:48
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