Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Columna de Opinión

La Seguridad Alimentaria y el acaparamiento de tierras

Fecha de publicación: 2 julio, 2013

La opinión fue escrita por Luis Galicia del Área de Estudios sobre Campesinado de AVANCSO. La opinión fue editorial del Noticiero Maya Kat de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER, el 18 de junio del 2013

El Neocolonialismo agrario Una de las grandes batallas del siglo XXI será la de la alimentación, que se suma a la ya pronosticada por el agua y a la histórica por el control de los hidrocarburos fósiles, como las vividas por Kuwait e Irak.

Las disputas por el aprovisionamiento de alimentos se libran ya en varios escenarios mundiales debido a que muchos países importadores de alimentos han sido afectados por el aumento de los precios. Los estados ricos lo venían soportando hasta que, en el 2008, las alarmas empezaron a sonar por la actitud proteccionista de naciones productoras que limitaron sus exportaciones.

Paralelamente, los crecientes costos tanto económicos como geopolíticos y ambientales del uso de combustibles derivados del petróleo, han impulsado el cultivo de los llamados agro-combustibles en grandes extensiones de terreno.

A partir de ahí, varios Estados de alto crecimiento económico y demográfico (pero desprovistos de grandes recursos agrícolas y de agua) decidieron asegurarse reservas de comestibles comprando tierras en el extranjero.

Convencidos de que los productos alimenticios y la producción de agro-combustibles serán el oro negro del futuro, ya que se calcula que para el 2050 la producción de alimentos se tendrá que duplicar para satisfacer la demanda mundial, muchos especuladores se dispusieron a comprar grandes extensiones de tierra para hacer negocios. George Soros apuesta por los agrocarburantes y ha adquirido parcelas en Argentina. Un grupo sueco ha comprado medio millón de hectáreas en Rusia; un fondo ruso (el Renaissance Capital) adquirió 300 mil hectáreas en Ucrania; mientras el británico Landkom compró otras 100 mil hectáreas también en Ucrania; el banco estadounidense Morgan Stanley y el grupo agro-industrial francés Louis Dreyfus, han adquirido decenas de miles de hectáreas en Brasil, etc.

Guatemala no escapa de estas tendencias mundiales
Los ingenios han construido en los últimos años ambiciosos proyectos para liderar el mercado de los agrocombustibles. Este hecho se ha traducido en el acaparamiento de un número cada vez mayor de hectáreas de tierra en el país para monocultivos como la caña de azúcar y la palma africana.

Las consecuencias de este tipo de acciones ya se dejan ver en los precios de los productos de la canasta básica. Al destinar cada vez un número mayor de hectáreas de tierra a los agrocombustibles para su exportación, el número de tierra disponible para granos básicos disminuye, por lo que el precio de estos aumenta.

Estos proyectos han provocado otros problemas en el país, como el desvío de ríos para las plantaciones, con el consiguiente desbordamiento en época de lluvias, así como el despojo de tierras a campesinos a través de compras forzadas.

En cuanto a la palma africana para la producción de biodiésel, de acuerdo con la Gremial de Palmicultores de Guatemala, existen más de 410 empresas dedicadas al cultivo de este producto en el país para la producción de aceite vegetal. Muchos de esos cultivadores de Palma Africana se han asentado en territorios de población campesina e indígena, como es el caso de Palmas del Ixcán, empresa que en su fase de desarrollo de plantaciones tenía como objetivo alcanzar un área cultivada de 5 mil hectáreas.

También los ingenios y plantaciones cañeras han ampliado su capacidad productiva afectando territorios campesinos e indígenas como en el caso del ingenio Chabil Utzaj, instalado en el área Verapacense del Polochic, empresa que ha sido acusada por pobladores locales de haber usado incluso grupos armados paramilitares para desalojar a campesinos de sus parcelas.

Estos desarrollos cañeros y palma-africaneros están afectando seriamente la seguridad alimentaria de miles de familias al dejarlas sin sus parcelas de cultivo y lanzarlas a un mercado laboral estrecho, estacional y explotador, como lo es el empleo agrícola en el país.

Como resultado de todo esto es preocupante observar que del 2,006 al 2,011 los productos como caña de azúcar, palma africana y hule han incrementado su área cultivada, y por ende su ocupación de tierra en 80.5%, 17.5% y 9.8%, mientras que por el contrario en esos mismos cinco años vemos que ha disminuido en un 10.5% el área cultivada de granos básicos.

¿Será este el camino para disminuir en un 10% la desnutrición crónica en niños menores de 5 años que pretende el actual gobierno? ¿Acaso el partido de gobierno ha creado una nueva fórmula nutricional a base de hule, azúcar y aceite vegetal para alimentar al 50% de niños desnutridos que existe en Guatemala? La economía campesina es el bastión de la seguridad alimentaria del país, se le debe apoyar y proteger de los embates del capitalismo agrario y los megaproyectos mineros.

Guatemala, 18 de junio del 2013.

Última modificación: 2 de julio de 2013 a las 01:07
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