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La primavera democrática guatemalteca, aquel “foco de irradiación antiimperialista”

Columna de Opinión escrita por Roberto García. Historiador de la Universidad de Uruguay, miembro del Grupo de Trabajo de CLACSO. La Columna fue el Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER el 20 de junio del 2017

Las efemérides siempre constituyen momentos propicios para mirar hacia el pasado. Otro 27 de junio se acerca y esta no parece ser la excepción. Como sabemos, no se trata de una fecha más en la historia reciente de Guatemala. Aquel día del año 1954 el presidente constitucional, coronel Jacobo Arbenz, leyó en un sentido discurso emitido por radio, su recordada renuncia como mandatario de la República. Es entonces una fecha dolorosa, traumática, de derrota, humillaciones y persecuciones. No será esta una ocasión más para detallar con estupor lo sucedido, enumerando las responsabilidades o quizás para dar cuenta del amplio cúmulo de traiciones que contribuyeron para explicar aquel fracaso que dio por tierra con las esperanzas de miles y miles de guatemaltecos.

En función de ello me permitiré compartir con ustedes tres cuestiones relevantes de ese pasado y que entiendo deben nutrir este complejo presente guatemalteco, signado por la desesperanza generalizada, el considerable hastío hacia el sistema político y sobre todo para con sus representantes en los poderes del Estado.

El comentario parte de que el pasado revolucionario chapín merece reivindicarse y las nuevas y futuras generaciones deben trabajar en esa dirección mostrando que es posible construir un proyecto político, económico y social alternativo.

La primera razón para justificar esa imperiosa necesidad de mirar hacia atrás para reivindicar sin fisuras la “primavera democrática” guatemalteca pasa por recordar la magnitud de los enemigos a los que aquellos revolucionarios guatemaltecos se enfrentaron. Hoy sabemos que si bien existió una despiadada intervención de EEUU a través de la CIA, ella es insuficiente para explicar lo sucedido. Junto a EEUU actuaron los vecinos centroamericanos, caribeños y sudamericanos. Por ello debe tomarse en cuenta que Arbenz no solo se enfrentó al coloso del Norte sino también a los dictadores que infestaban la región y le rodeaban peligrosamente: el nicaragüense Somoza; el dominicano Trujillo; el venezolano Pérez Jiménez; el colombiano Rojas Pinilla; el cubano Batista y la lista puede ampliarse. A ellos debe sumarse el papel de la poderosa empresa bananera United Fruit Company así como la complicidad de los organismos internacionales, tanto la OEA como la misma ONU.

La segunda consideración pasa por consignar que esos enemigos se oponían a lo que la Guatemala de Arévalo y Arbenz significaba por una razón clave: el país en aquellos diez años dorados impulsaba un amplísimo y exitoso programa social, enfrentándose con valentía al capital transnacional y manteniendo una política exterior independiente. El Seguro Social, el Código del Trabajo, la construcción de carreteras, de una central eléctrica y la Reforma Agraria son algunas de las más importantes iniciativas. Pero aunque la lista de logros es mayor y no se debe idealizar, importa destacar la actitud revolucionaria con la cual esas medidas fueron concebidas, impulsadas y defendidas. Fue una oportunidad única en la que el Estado jugó un rol decisivo para promover el cambio y bregar por la justicia social. Repito y subrayo: los gobernantes de ese entonces emplearon sistemáticamente las fuerzas del Estado para promover los grandes intereses de la Nación, para reconocer al guatemalteco su condición de ser humano y de trabajador objeto de derechos. Guatemala vibraba de fervor revolucionario, sus habitantes se sentían parte de un proyecto colectivo junto a dirigentes políticos que eran sus interlocutores. No hubo otra ocasión: desde entonces los gobernantes han tomado al Estado para colocarlo al servicio del capital transnacional y de su propio provecho, reprimiendo con saña a los más desposeídos.

Para finalizar, el tercer señalamiento pasa por recordar que aquella experiencia radical que vivió Guatemala bajo Arévalo y Arbenz también estuvo signada por sus fuertes resonancias antiimperialistas así como por su dignidad e independencia en materia de política exterior. En un contexto actual tan desfavorable, con el manifiesto acoso y desprecio para con la región de parte de un empresario devenido en gobernante de la nación más poderosa del mundo, aquellas inspiradas consignas revolucionarias de los guatemaltecos parecen referentes obligados para construir un proyecto político que atienda a las grandes mayorías del país y que contribuya a que Guatemala sea noticia no por hechos graves y habitualmente violentos. Acaso una buena iniciativa en esa dirección sea revertir el hecho de que el presidente de Guatemala es el mejor remunerado en América Latina, con un ingreso mensual equivalente a 50 salarios mínimos.

Uruguay, 20 de junio del 2019.

Última modificación: 23 de junio de 2017 a las 19:11
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