Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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¡A defender la vida!

La opinión fue escrita por Ana López Molina, del Área de Estudios sobre Campesinado. La opinión fue el editorial del Noticiero Maya Kat de Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER, 6 de octubre del del 2013

El Estado guatemalteco es un Estado que funciona, y funciona bien. Un Estado que prueba nuevamente de lo que está hecho. No hay cómo negarlo. Tal vez en Guatemala no hay otro lubricante para los engranajes estatales que la represión, violenta y simbólica.

¿Cómo es posible que ahora en Guatemala los defensores de derechos humanos tengan que defender su derecho a defender los derechos de otros? En estos momentos la lucha discursiva está bastante ganada por un lenguaje que gira en torno al ser o no terrorista. Los terroristas de Estado acusando a los otros de ser terroristas. Los otros, los defensores de derechos humanos, los cooperantes internacionales, las organizaciones campesinas, las comunidades en resistencia.

Hace un año, el 4 de octubre de 2012, quien ocupa el cargo de Ministro de Gobernación quiso negar lo evidente, una prueba más de que este Estado se funda en la violencia. Lo que ocurrió en Alaska no fue accidental, incidental ni defensa propia. Si es que los soldados que dispararon contra campesinos ejerciendo el derecho a la protesta y sin armas en realidad tienen la sensación de haber actuado en defensa propia es porque están permeados por un discurso que dibuja en la sana protesta social un monstruoso enemigo, tan temible como estúpido. Un enemigo que es empujado a actuar ciegamente de acuerdo a los designios foráneos de las naciones socialdemócratas o simplemente democráticas de Europa.

Este discurso esconde una larga historia de lucha y resistencia, de organización y reflexión política. Y también económica, no puede negarse. Nadie quiere que le roben su paz, su agua, su tierra, su aire. Nadie quiere tener de vecino una mina, nadie quiere seguir cultivando una cuerda de tierra mientras un solo terrateniente envenena la tierra con agroquímicos en plantaciones que consumen excesiva agua y nada dejan a las comunidades aledañas.

Las prácticas de cultivo campesinas combinan una lógica de acumulación y a la vez de sobrevivencia con una relación con la tierra que en las grandes plantaciones no se da. Complejas formas de pensar, comprender el mundo y afrontar los cambios económicos y políticos se expresan en la cotidianidad campesina. Si se conocen estas prácticas y lógicas es imposible seguir afirmando que los campesinos se oponen al desarrollo, no saben lo que les conviene, se niegan a emplearse y trabajar o que se quedan cortos de ideas a la hora de generar ingresos para la familia.

Entendiendo la combinación de una historia de lucha y resistencia con una relación particular con la tierra puede explicarse el porqué de una resistencia a las minas, los monocultivos, las mega hidroeléctricas. Los campesinos, los indígenas, las poblaciones que resisten, la tiene clara. El que no quiere entender es porque no quiere, porque no le conviene.

Y porque no hay cómo contradecir estas prácticas y estas lógicas es que la lucha se ha desviado al campo discursivo. Es, además, más barato y más cómodo. Estratégicamente se han colocado columnistas en los medios más leídos, comentaristas en programas de televisión, separatas en los periódicos y uno que otro que guste de crear controversia y protagonizar acaloradas discusiones, para que en el guatemalteco urbano promedio se instale una idea.

Nuevamente estamos ante discursos que polarizan, que se enraízan en el miedo y el odio del otro, del que vive distinto, del que tiene diferentes aspiraciones y formas de estar en el mundo. Nuevamente hay muerte para recordarnos que el Estado de Guatemala está ahí para defender los intereses de algunos –no de todos-, que es un Estado que funciona y que recurrirá a la violencia siempre que se le haga necesario. Parece que los movimientos sociales se están perdiendo en la lucha discursiva, en contestar y no en generar un discurso que contenga estas luchas y esta historia que generan y nutren las resistencias.

Recordamos a quienes murieron en Alaska en octubre del año pasado, y ese recuerdo acompaña a quienes siguen resistiendo en Barillas, Jalapa, Santa Rosa, San José del Golfo y tantos otros puntos en el país. Seguramente el Ministro en cuestión se cuidará de repetir actos abiertamente violentos, quedará confiado en que en la guerra discursiva lleva ventaja, tiene los recursos y los medios a su favor. Pero la resistencia se sostendrá porque la defensa de la vida es irrenunciable.

Guatemala, 6 de octubre del 2013.

Última modificación: 21 de octubre de 2013 a las 14:50
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