Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Columna de Opinión

LA MATERNIDAD Y LA SAGRADA SELVA

Fecha de publicación: 11 mayo, 2009

Columna de Opinión, escrita por Ana López Molina del Área de Estudios sobre Campesinado de AVANCSO, fue el editorial del noticiero Maya K’at de la FGER del día martes 12 de mayo del 2009. www.fger.org

Recientemente, Alfonso Huet presentó el libro Nos salvó la sagrada selva, que recoge la memoria de veinte comunidades q’eqchi’es que sobrevivieron al genocidio. Éste es la traducción de la publicación original en q’eqchi’ (2006), que además ha sido acompañada de una estrategia pedagógica que incluye cuatro afiches y una guía didáctica para los docentes. La memoria fue recogida por el autor a través de entrevistas y de talleres. Quienes participaron lo hicieron con la intención de que sus palabras, resguardadas por la escritura, perduren y venzan al olvido.

Las familias huyeron a las montañas cuando sus comunidades fueron masacradas o estaba a punto de serlo. En el libro se relatan las causas de la guerra, las masacres, las estrategias de sobrevivencia en la selva y el regreso a las aldeas modelo y las comunidades. Cada uno de estos capítulos relata la vida de los q’eqchi’es del municipio de Cobán. En sus páginas aparecen esbozos de lo que significó cada una de estas etapas para las mujeres. Y además, cómo entienden la maternidad las mismas mujeres y los demás actores involucrados en el conflicto.

En la finca alrededor de la ciudad de Cobán, el trabajo de las mujeres se entendía como complementario al del hombre de la familia el esposo o el padre. Por lo tanto, ellas no recibían un pago por su labor. Cuando las jóvenes ya tenían edad para casarse, pasaban de ser importantes en las labores del cafetal para dedicarse al trabajo reproductivo, es decir, procrear y criar a la nueva generación de trabajadores.

Con la guerra, esta situación de relativa estabilidad laboral terminó y las familias pasaron por un período de incertidumbre, sin saber si confiar o no en el Ejército, en los rumores, en la guerrilla. Pero pronto se dieron cuenta que el Ejército estaba arrasando con las aldeas sin ninguna consideración ni respeto por la vida, con el objetivo adicional de infundir terror. Para eso, la violencia tuvo una parte simbólica, especialmente en la forma de herir y matar a las mujeres, que se dirigía específicamente a su ser mujeres, ser madres. Alfonso Huet dice “lo que hicieron a las mujeres es sólo imaginable para mentes enfermas psicóticas”, porque incluían desde la violación hasta el asesinato de sus bebés todavía no nacidos. Pero la locura no es determinante para que se ejerza este tipo de violencia contra el cuerpo femenino. Estos actos atroces pretendían demostrar que ni el cuerpo ni la vida les pertenecía a las mujeres, que el poder lo tenían los miembros del Ejército que los perpetraban y que la única posibilidad era sentir miedo.

Muchos pudieron sobrevivir huyendo y escondiéndose en la montaña. Siempre eran acechados por el Ejército y los patrulleros civiles, pero una buena organización les permitía mantener la vigilancia y la comunicación para poder mover todo el campamento antes de la llegada de quienes les buscaban. Algunas veces ya no lograban salir a tiempo, y tenían que correr por la selva, cargando a los ancianos, los enfermos y los niños. Y las embarazadas, corriendo con su pequeño tesoro escondido en el vientre.

Otro peligro que atentaba contra la vida lo constituían las enfermedades y el hambre. Entre las estrategias de sobrevivencia estuvo la búsqueda de nuevas fuentes de alimento en la selva y de curas para las enfermedades. Se renovó la práctica de siembra de maíz que no requería el corte de los árboles. Vivieron con frío y con miedo. Comiendo apenas, durmiendo entre troncos y piedras.

A pesar de tan duras condiciones de vida, quienes aportaron su testimonio para el libro, rescataron sus experiencias de vida más que de muerte. Esa vida que se resistió a apagarse, el deseo de vivir en todas sus manifestaciones: desde mantener con vida a los enfermos hasta crear nueva vida al amparo de los viejos árboles, del cielo estrellado, del estruendo de las balas y las bombas. Esa pulsión de vida les hacía buscar en el abrazo estrecho e íntimo con su pareja más que el placer, la seguridad afectiva y la certeza de que no ganaría la muerte. Y entonces, venían los embarazos.

Algunas mujeres judías que sobrevivieron a los campos de concentración nazi han contado que por las malas condiciones de vida, alimentación y salud, su ciclo menstrual se detuvo. Pero algunas q’eqchi’es llegaron a ser madres viviendo en las carencias de la montaña. Y amamantaron a sus pequeños con la poca leche que producían debido a la desnutrición. El poeta Miguel Hernández escribe “Una mujer morena,/ resuelta en luna,/ se derrama hilo a hilo/ sobre la cuna.” En la selva, las mujeres estaban literalmente dándole de beber su vida a los bebés.

Las decisiones importantes en la selva eran tomadas por todos, como grupo, sin importar si eran hombres o mujeres. Y así, las comunidades fueron tomando la decisión de entregarse al Ejército para ser ubicados en aldeas modelo. Cuando se supo que en estas aldeas los responsables de las comunidades en la montaña eran torturados y asesinados, buscaron una salida más segura, que fue proveída por la Iglesia Católica. En el regreso a las aldeas o a Cobán, venían madres que habían tenido a sus bebés hacía pocos días, y enfrentaban caminatas largas y caminos peligrosos cargando con sus pequeños.

Esta decisión de dar la vida por los hijos no se restringe exclusivamente a momentos de tensión, peligro o incertidumbre. Es la cotidianidad de las madres que viven en pobreza, ya sea porque la estructura socioeconómica no les permite superar esa situación, o porque sus esposos tienen algún vicio o se han ido al Norte, o porque son madres solteras. Su salud pasa a segundo plano. No prestan atención a las señales de alarma que sus cuerpos les dan. No buscan atención médica. Y poco a poco esos cuerpos que entregaron a sus hijos, van marchitándose.

Las reflexiones de las mujeres que hablaron para el libro de Alfonso Huet se enfocan más en la contradicción entre las aspiraciones, los sacrificios y los resultados finalmente obtenidos. Pero como madres, quieren que sus hijos se alimenten de estas memorias contenidas en el libro, para que conozcan el pasado de sus padres, y sepan hacia dónde orientar el futuro.

Guatemala, 11 de mayo del 2009.

Última modificación: 11 de mayo de 2009 a las 05:05
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