Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Infantes muertos

La opinión fue escrita por Ángel Orellana del Área de Estudios sobre Imaginarios Sociales. La opinión fue el editorial del Noticiero Maya Kat de Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER, 1 de octubre del del 2013

3,638 niñas y niños han muerto por complicaciones referidas a la desnutrición, o cusas prevenibles, como infecciones respiratorias y diarrea. Esta cifra contabiliza de enero a septiembre de 2013, según cifras del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social. De esta triste cifra, 582 son muertes neonatales, es decir, bebes que murieron poco después de nacer. La fría impersonalidad de esos números que objetivizan y distancian las vidas de esos infantes, es solamente útil para mostrar la dimensión aterradora de la mortalidad vista desde los documentos y contadores oficiales.
Mucho se ha dicho sobre que cada uno de esos números fue asignado a un nombre y a un cuerpo, vidas que fueron reducidos por la vista objetivante de las técnicas y burocracias que los proyectan, recogen, insertan en graficas, etc. Algunos intentan comparar esos números con los de años anteriores para medir la eficacia de sus programas y “acciones”, pero la comparación no llega tan lejos. No fue sino hasta el año 2,000 que se inició este registro confirmado de la muerte. Antes bastaba con suponer cuánta muerte, cuántas niñas y niños morían al año. Pero la cuestión de los números, por sí sola no dice nada, falta interpretarlos. La mayoría de estas muertes ocurren lejos de la ciudad, lejos aun las áreas urbanas, del otro lado del límite de los ciudadanos de bien, que se abochornan con las cifras que les hablan de cómo la muerte se mueve en los márgenes de la arquitectura social. Muertes marginales, vidas marginales.
Porque que un infante muera por una bronquitis que se complica, por malaria, por neumonía o por beber agua no purificada, puede comprenderse a partir del racismo que funda la organización, la arquitectura de la sociedad guatemalteca, que dividió los espacios no solamente de trabajo, educación, ciudadanía, prestigio, sino incluso de vida y de muerte.
Hay que pensar más allá de las cifras, incluso antes de ellas, para comprender el contexto por el cual estas muertes son siquiera posibles. Podemos referirnos a la recurrente expresión de la filósofa estadounidense Judith Butler, sobre las vidas que merecen la pena ser lloradas, vidas que merecen ser vividas, para comprender cómo la construcción de la nación ignoró las necesidades básicas para las vidas no que, desde dicha perspectiva, no merecen ser vividas, hasta el punto de centralizar todos los servicios. No solamente los médicos, sino los que propician la vida como el acceso a agua potable, drenajes, vacunas, comida. Lo que esas cifras obligan a pensar es en la época en cuando ni siquiera registro se llevaba, no por negligencia burocrática, sino porque no se podía llevar, porque no había quién contara oficialmente los muertos, hace 20, 50 o 200 años, cuando la negación de los otros llegaba hasta el punto, no el objetivo de ni siquiera reducirlos a números (solo se contaban los brazos para el trabajo en las fincas), sino de la negación de Estado, de quienes conforman el estado, de la dignidad de las vidas que según el propio Estado nunca merecieron servicios básicos.
Es aún peor, aun más aterrador considerar las muertes maternas (334 en lo que va del año) y neonatales, pues el cálculo de muerte alcanza además a los no nacidos y sus madres. El sistema de exclusión y violencia, fundado a en la moral racista, que se impone como verdadera, continúa justificado la negación de esas vidas, para quien esas vidas ni siquiera merecen ser vidas, porque las niega incluso antes de nacer. La mayoría de estos infantes muertos son indígenas, muertos de las áreas rurales que demandan unos relatos más habitables como diría la feminista Donna Haraway, exigen pasivamente, desde del silencio de sus muertes, la justicia de la dignidad.

Guatemala 1 de octubre del 2013.

Última modificación: 1 de octubre de 2013 a las 16:17
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