Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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-Memoria e historia de una masacre-

El viacrucis de Cuarto Pueblo

Columna de opinión escrita por Juan Vandeveire de Amerindia Guatemala. Publicado en Amerindia Guatemala

En este lugar de Ixcán se conmemoró, del 14 al 16 de marzo pasado, una de las mayores masacres cometidas durante la guerra interna, hacía exactamente 34 años. Cuarto Pueblo se sitúa en el extremo Norte del departamento de El Quiché, haciendo frontera con México. Durante aquellos tres días en el año 1982, tropas del ejército invadieron la población, masacrando a cientos de hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas, bajo el argumento: “todos son guerrilleros”. El más reciente volumen de los Escritos de Ricardo Falla, titulado “Ixcán: masacres y sobrevivencia, 1982” presenta numerosos testimonios de sobrevivientes y análisis en profundidad sobre esta terrible matanza masiva. Incluye listados, cuidadosamente elaborados, con nombre y apellido, edad y lugar de 362 víctimas. Este número de personas asesinadas debe ser aumentado por las demás víctimas, cuyos datos se desconocen.

Ya que en estos días de cuaresma y semana santa, se acostumbran realizar en nuestro país viacrucis, la conmemoración realizada en Cuarto Pueblo, ofrece la oportunidad de corregir un error que a veces se comete tanto en liturgias de la religión oficial como en devociones populares. Se trata del error teológico de disociar la pasión de Jesús de Nazaret de los sufrimientos de los demás crucificados y crucificadas a lo largo de la historia, especialmente de la historia reciente, y de todos aquellos y aquellas que también en la actualidad cargan con una pesada cruz, comparable a la de Jesús.

Sugiere la carta a los Filipenses que Jesús quiso colocarse en el nivel de “uno de tantos”, por lo que se despojó de su condición divina. Se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. ¿Por qué quiso rebajarse hasta el nivel de los más humildes? Lo hizo para expresar el amor de Dios a la gente, especialmente a los más pobres y descartados, de los y las que más sufren, como han sufrido y siguen sufriendo las personas y comunidades de Cuarto Pueblo. Caminando y participando en el viacrucis que hace pocos días se realizó en aquel pueblo, se pudo reconocer la misericordia de Dios, quien escucha el grito de dolor de las víctimas violadas, ametralladas y quemadas y se identifica con ellas.

El viacrucis, preparado, organizado, guiado y protagonizado por catequistas, músicos y fieles de la comunidad, acostumbrados a apoyarse y coordinarse ya que lo hacen cada día en las cooperativas del Ixcán, dio inicio en el cementerio. El encargado de introducir la primera de las cinco estaciones que estaban programadas se refirió, precisamente, a la coincidencia de la cruz de Jesús con la cruz impuesta al Cuarto Pueblo, que fue arrasado hace 34 años. Jesús condenado a muerte. Cuarto Pueblo condenado a muerte por el alto mando militar. En lugar de condenar a muerte, estamos llamados y llamadas a promover la vida en un país donde nos corresponde evitar que se repitan las injusticias del pasado.

Cantando el tradicional “Venid, pecadores. Venid a la cruz, a adorar la sangre de mi buen Jesús”, la gente avanzó hacia el lugar de la segunda estación: “Jesús carga con la cruz”. El responsable de comentar esta estación, en representación de la cooperativa Primavera del Ixcán, se refirió a la actualidad del país, la “república de los ricos”, responsables de la injusticia social que estuvo en la base de la guerra y todavía sigue imponiendo pesadas cruces. Los hospitales sin medicinas, el sistema escolar si recursos: son todavía hoy cruces que tiene que llevar a cuestas una población enferma que busca salud y una niñez y juventud que requiere educación. La discriminación es otra cruz. Los pueblos indígenas deben estar atentos y exigir que se reconozcan sus derechos. En la oración se pidió perdón porque a veces imponemos cruces a los demás, a veces en la casa, a veces en la comunidad.

La tercera estación se realizó en el lugar donde antes había una capilla evangélica. Ahí, numerosas personas estaban congregadas el domingo 14 de marzo de 1982. Ahí las encerraron los soldados. El lunes 15 las masacraron, probablemente con arma blanca. El martes 16, prendieron fuego a la capilla con los cadáveres dentro, aunque también personas vivas fueron arrojadas a esta gran hoguera. Con el solo hecho de decir: “aquí mismo, en este lugar hoy vacío, se cometió este crimen contra la humanidad”, devolvimos a la realidad presente a los y las ausentes, a quienes se quiso borrar para siempre de la historia. En su monición, el catequista hizo la memoria de Jesús, cayendo bajo la cruz, y de las víctimas caídas en aquella la capilla. Como Jesús, nuestros hermanos y hermanas cayeron y murieron. El catequista recordó que en la muerte todos y todas nos presentamos ante Dios, quien es amor y perdón. Amor y perdón para los difuntos en este lugar histórico y sagrado. Y también para quienes cometieron esa barbarie porque, como dice el evangelio: “no saben lo que hacen”.

En la cuarta estación estuvimos en otro sitio de dolorosos recuerdos: el lugar del mercado donde los soldados en 1982 intentaron quemar y enterrar en una fosa restos humanos y ropa. Jesús es despojado de sus vestiduras. Es el símbolo, comenta el catequista, de la victoria que los enemigos proclaman: “ya ganamos”, “ya triunfamos”, “te hemos derrotado”, “te dejamos sin ropa, es decir, sin poder y sin dignidad”. La persona desnudada de su ropa ya no es nada, queda totalmente indefensa. La reflexión lleva a que también nosotros, por nuestro machismo o por imponer nuestra voluntad a los demás, despojamos a los demás de su ropa. ¿Cuánta gente hoy no es despojada de sus vestiduras? Jesús nos enseña a luchar por una sociedad de todas dignas y todos dignos: una nueva sociedad, un pueblo nuevo. Recientemente nos ha alegrado el haber visto un adelanto de esta sociedad resucitada: la sentencia que hizo justicia a las viudas de Sepur Zarco, tantas veces desnudadas y violadas.

En el atrio de la iglesia, toda la gente de Cuarto Pueblo y los invitados nos reunimos para la quinta estación: Jesús muere en la cruz. Pero antes de morir, se había sentido abandonado por Dios, como durante aquella terrible masacre la gente debe de haberse sentido. Jesús gritó fuerte. También nosotros debemos gritar fuerte. ¿Dónde está la fuerza de Dios en aquellos momentos de supremo dolor y angustia? Sin embargo, a pesar de sentirse abandonado por Él, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Muere en la cruz y el Padre lo resucita. Es así como Dios oye los gritos y baja para liberar a su pueblo.

Hasta aquí este pequeño informe, incompleto y escrito “de memoria”, sobre un viacrucis abreviado pero muy creativo y conmovedor. Tal vez puede servir para comunicar algo de la calidad teológica de los catequistas y demás líderes del pueblo en Ixcán. Habla de la sabiduría de todo un pueblo que ha sufrido y sigue sufriendo, pero al mismo tiempo ha luchado y sigue luchando contra las causas de estos sufrimientos. Un pueblo generoso y hospitalario, que no ha perdido la alegría. Con su extraordinario conocimiento bíblico y su profunda espiritualidad, nos inspira y nos indica el camino. Y nos ayuda a considerar la cruz de Jesús y las cruces de los seres humanos como indisolublemente unidas.

García, Rolanda. «Guatemala: rinden homenaje a los caídos en Cuarto Pueblo», 15 de marzo 2016,Disponible en Telesur TV

Botón, Santiago y García, Rolanda. «Viacrucis en conmemoración de masacre de Cuarto Pueblo», 15 de marzo 2016. Disponible en Noticiero Guatevisión

Última modificación: 31 de marzo de 2016 a las 14:49
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