Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala

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Contrainsurgencia: la guerra por otros medios

Columna de Opinión escrita por Alejandro Flores, Investigador Asociado de AVANCSO. La columna fue el Editorial del Noticiero Maya K’at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica FGER el 28 de julio del 2015.

No tendría que pasar demasiado tiempo para que alguien intentara invertir el axioma que hizo de Carl von Clausewitz un nombre conocido más allá de las facultades de sociología y antropología política. La guerra es una prolongación de la política por otros medios, afirmaba éste, con el fin de identificar la relación existente entre dos fenómenos específicos vinculados al uso de la violencia, el poder y, específicamente, la dominación. A partir de ese entonces, la distinción entre política y guerra se hizo cada vez más porosa. Esto puede observarse fácilmente hoy en día en casos como el de Estados Unidos, en donde resulta casi imposible pensar un concepto como institucionalidad democrática sin cierta noción de guerra permanente—que amablemente es llamada política internacional por los politólogos institucionalistas de ese país—.

Sin embargo, antes del institucionalismo norteamericano, la inversión del axioma de Clausewitz sirvió de fundamento para definir el proyecto filosófico detrás de la noción de política del fascismo y el nacional socialismo. El filósofo alemán Carl Schmitt, quien en su momento defendió abiertamente el proyecto totalitario de Hitler, afirmaba que una unidad política podía ser identificada en el momento en el que es posible establecer una relación de enemistad ante un otro. Esta relación de enemistad, sin embargo, no es una relación de competencia, como la que podría prevalecer en el mercado o en una actividad deportiva. En cambio, esta relación se caracteriza por una declaración de lucha a muerte ante el enemigo. La unidad y la identidad política se logran en tanto le hayamos declarado una relación de enemistad tan grande al otro, que lo único que esperamos de él es su muerte. En otras palabras, se empezaba a hablar ya de la inversión del axioma de Clausewitz, ya que la política es vista como una prolongación de la guerra por otros medios.

Es importante traer estos elementos a colación en el contexto de la posible reactivación del juicio por genocidio contra el exdictador contrainsurgente, el general retirado Efraín Ríos Montt. Una de las piedras angulares de la contrainsurgencia consistía en la definición de lo que se llegó a conocer como el enemigo interno. Es decir, a diferencia del pensamiento de Clausewitz y de Schmitt, quienes frecuentemente veían en el enemigo a alguien perteneciente a otro pueblo o nación, la contrainsurgencia trajo consigo una novedad: El enemigo no necesariamente es el otro, el que se encuentra en el campo de batalla. El enemigo ni siquiera tiene que pertenecer a un ejército contrario. El enemigo, en cambio, está entre nosotros. El enemigo puede ser tu empleado, tu vecino e incluso tu hermano. Este desplazamiento en el entendimiento de la guerra y la política conllevó a que se produjera la eliminación parcial de grupos étnicos determinados, como en el caso del genocidio contra la población ixil (y otros, como los que señala Hector Rosada en una entrevista recientemente publicada en Plaza Pública).

Una de las particularidades que han acompañado el proceso del juicio por genocidio es que los negacionistas pertenecientes a grupos tales como AVEMILGUA o la Fundación Contra el Terrorismo, tienden a argumentar que todos los implicados en este juicio son radicales de izquierda, subversivos y terroristas que buscan ganar la guerra que la guerrilla perdió militarmente. El argumento de los negacionistas es, entonces, que se pretende ganar la guerra por otros medios, haciendo a grandes sectores de la población creer que cualquier actividad del sistema de justicia que busque la persecución de los implicados en violaciones a derechos humanos es el remanente del enemigo interno que ellos mismos crearon durante la guerra contrainsurgente.

La guerra por otros medios es constitutiva de la política guatemalteca no porque haya defensores de derechos humanos y abogados de la fiscalía buscando el rendimiento de cuentas ante crímenes de lesa humanidad que no proscriben. La guerra por otros medios es constitutiva de la política guatemalteca por la permanencia del enemigo interno en el imaginario social de los negacionistas. Entonces, ¿sería demasiado atrevido sugerir que el proyecto contrainsurgente sigue vigente en Guatemala?

P.S. Aunque aún no lo terminado de leer, el título del libro recientemente publicado por Diane Nelson y Carlota McAllister, llamado en ingles War by Other Means, ha provocado la reflexión anterior.

Guatemala, 28 de julio del 2015.

Última modificación: 29 de julio de 2015 a las 13:01
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